Carnicería Figueroa: Sobre la cazuela chisporrotea el pecado

«Aun garantizado el cielo tras una vida de buenas acciones, vale la pena ir al infierno sólo por sentir el sabor de este chicharrón pecaminoso»


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Carnicería Figueroa Hermosillo
Carnicería Figueroa | Ubicada junto al tianguis de Los Olivos

Si los caminos de la vida me terminaran orillando a vivir en un espacio de 4x4 tras unos barrotes, donde solamente me restara aguardar al suave beso de una flaca vestida de negro, pediría como último manjar una montaña de un chicharrón que no tiene comparación.


Mucho tiempo no llevo en este mundo, pero tampoco me chupo el dedo, y aun así, sé distinguir un buen chicharrón, a uno que ahí te saca la chamba nomás para cumplirte de mala gana, al que ofrecen en la Carnicería Figueroa, un señor chicharrón.


Ojo aquí, tampoco te voy a mentir. Que la liga de degustadores de chicharrones no existe como los que recorren hamburgueserías o lugares que ofrecen rollos del Japón, pero si uno le da una oportunidad a estas pieles que son suaves dentro, y crujientes por fuera, se gana por default. No hace falta ni que se presente el equipo visitante, ¿sería para hacer el ridículo?


Ahora, podrás estar al borde de la muerte con una vida llena de buenas acciones. En las alturas San Pedro aparta a la muchedumbre para darte pase directo al cielo en lo que dices tu última voluntad, tras alimentar al hambriento, cobijar al que tiene frío, respetar a tus mayores, ir a la iglesia y cumplir todos los lineamientos de tus creencias, y aun sí, ir al infierno tras comerte un buen puño de chicharrones.


Echárselos a la boca como si fueran palomitas es la manera ideal de comérselos en la actualidad, o lo aesthetic como dice la chaviza. Otros tradicionalmente le echarán que su salsita, que para su taquito, que frijolitos un lado y que arrocito rojo del otro y que esto y lo otro, y quizás se pongan creativos con unos huevos estrellados de cabecera y hacerlo desayuno, o hasta volverse locos con una sobaquera para envolverse unos burritos.


Pero así como te los entregan en la carnicería, de junto a las ollas hirviendo aceite que salpica con el simple tocar de la piel fría, así, directo de la bolsita de papel húmeda por grasita, es el camino para disfrutar el paraíso en la tierra. Un edén concentrado por el hombre en unos «viejones 'charrones», que no experimentarás en la otra vida, sino en la tierra, más por los cuales vale la pena haber pecado y estar por toda la eternidad entre las llamas de Satanás.



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