La nostalgia de los videoclubes, maquinitas y cibers en Hermosillo
- Redacción

- hace 4 días
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Antes del streaming, los smartphones y las redes sociales como las conocemos ahora, existían otros espacios donde se reunía la curiosidad: videoclubes, maquinitas y cibers. Para muchas generaciones de Hermosillo, esos lugares fueron parte de la infancia, la adolescencia y los primeros contactos con mundos más grandes que la colonia.
El videoclub era una promesa de fin de semana. Caminar entre pasillos, revisar portadas, leer sinopsis, elegir una película por intuición, discutir con la familia, rentar algo que quizá no era tan bueno, pero que se volvía parte de la memoria. La película empezaba antes de reproducirse: empezaba en la búsqueda.
Las maquinitas tenían otro ritmo. Eran ruido, competencia, espera, monedas, botones golpeados, retas, niños mirando jugar a los más grandes y una forma de comunidad breve. En esos espacios se aprendía a perder, ganar, esperar turno, presumir habilidad y gastar de poquito en poquito.
Los cibers marcaron otra transición. Fueron puerta de entrada al internet social: Messenger, tareas impresas, videojuegos en red, correos, perfiles, música descargada, primeras búsquedas y horas pagadas frente a una pantalla. Para muchos, el ciber fue el primer lugar donde lo digital se volvió cotidiano.
Estos espacios desaparecieron o se transformaron porque la tecnología cambió. Pero su nostalgia no es solo por los objetos. Es por la manera en que se compartía el acceso. Hoy cada quien lleva entretenimiento e internet en su bolsillo. Antes había que ir a un lugar, pagar tiempo, coincidir con otros.
Documentar esa nostalgia permite hablar de una ciudad antes de la hiperconectividad. Una ciudad donde ciertas experiencias estaban ligadas a locales pequeños, luces fluorescentes, carteles, computadoras lentas, controles desgastados y encargados que conocían a los clientes.
Los videoclubes, maquinitas y cibers fueron escuelas informales de cultura popular. Ahí se descubrieron películas, juegos, música, amistades y formas de estar juntos. Recordarlos no es solo mirar al pasado con cariño; es reconocer cómo esos espacios ayudaron a formar una generación.




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