Tacos de nada: Con todo los powers del universo

Actualizado: 17 oct

«Ni mil palabras alcanzan para describir la sencillez de aquellos tacos de nada, que te hacen sentir todo»


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Tacos de Nada en Hermosillo
Tacos de Nada | Ubicado en la colonia San Juan de Hermosillo

Por las pintorescas calles del centro, debajo de las campanas, desde muy temprano comienzan a enfilarse los fanáticos hambrientos de sabor. Aún faltan varias horas para que la maga ejecute su acto, pero es bien sabido que aquellos tacos son más limitados y valiosos que el bitcoin.


Desde tierras muy lejanas visitan la ciudad del sol. Únicamente para probar aquellas tortillas fritas tan duras como armadura de caballero, que se suavizan con elixires de contenido desconocido, pero bastante sabroso. Se habrá descubierto la receta de la soda de cola, pero jamás la de las salsas con las que Doña Lupe hipnotiza a todo el que prueba sus tacos.


Entonces, en medio del silencio de aquella callejuela, se empieza a escuchar la orquesta que anuncia el inicio de la fiesta. Se abren las puertas, se montan mesas. La familia de Doña Lupe hace su aparición para hacer la prueba de sonido.


Una laguna de aceite se acomoda en una olla al fuego vivo. Cuatro tazones se reparten como tambores. Uno porta papa sazonada, el contenido de la armadura de tortilla. Otro, el repollo tan fino como plumas de almohada. Y los otros dos cargan con las pocimas mágicas gemelas; roja y verde.


El aceite está listo, y la artista principal hace su entrada con impacto a escena. Las suaves manos de bronce toman una porción de ese algodón de papa con brillantina de especias. Lo masajea sobre una tortilla, y Doña Lupe hace que sus extremos se abracen para no perderse en el aceite tan caliente como Hermosillo al medio día.


Las órdenes van y vienen. ¿Cuántos va a querer? ¿Mucha o poca salsa? ¿Para comer aquí o para llevar? En una cama desechable, los tacos están listos para la regadera de poder roji-verde que dispara sabores y abre el apetito. Una gentil lluvia de repollo cae sobre ellos. Están listos para cumplir su papel en la vida.


Avanza la fila, y el miedo comienza a gobernar en aquellos que se encuentran lejos del escenario. La calle se vuelve concurrida. Pasan carros preguntando si aun alcanzan. Gente se adelanta hasta el frente preguntando si todavía hay. Sólo Dios impide que esa gente no se mate por los manjares que Doña Lupe crea limitadamente.


Los afortunados que se fueron con la barriga llena pueden contar la experiencia de haber probado el cielo sin atravesar el luminoso túnel. Verdaderamente tienes que vivir para saber de qué se está hablando. Porqué ni mil palabras alcanzan para describir la sencillez de aquellos tacos de nada, que te hacen sentir todo.




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