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La primera vez que Hermosillo tocó el cielo: historia de su crecimiento urbano

«Hermosillo no siempre fue una ciudad… fue un punto en el desierto que creció sin detenerse»



Hoy, Hermosillo es una de las ciudades más importantes del norte de México.

Pero no siempre fue así.

Durante mucho tiempo, fue un asentamiento pequeño, aislado, rodeado por desierto. Un punto más en el mapa. Lo que hoy parece una ciudad consolidada es, en realidad, el resultado de un crecimiento acelerado que transformó por completo su escala.



De pueblo a capital

Hermosillo fue fundada en 1700 como la Santísima Trinidad del Pitic.

Durante siglos, su crecimiento fue limitado. La vida giraba en torno a dinámicas locales, sin grandes cambios estructurales. Pero el siglo XX marcó un punto de inflexión.

En 1900, la ciudad tenía alrededor de 14 mil habitantes. Para 1950, ya superaba los 40 mil.

No era aún una gran ciudad. Pero ya no era solo un pueblo.



El momento que cambió todo

El verdadero salto llegó décadas después.

Entre los años 70 y 90, Hermosillo entró en una etapa de transformación impulsada por la industria. La instalación de empresas, especialmente la llegada de Ford Motor Company en 1986, cambió la dinámica económica de la ciudad.

Con ella llegó empleo. Inversión. Migración.

Y con eso, expansión.



Una ciudad que crece sin pausa

El impacto fue evidente en números.

De aproximadamente 300 mil habitantes en 1980, Hermosillo pasó a superar los 900 mil en la actualidad, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Triplicó su tamaño en pocas décadas.

Pero ese crecimiento no fue solo poblacional. Fue urbano.

Colonias nuevas, vialidades más amplias, servicios que tuvieron que adaptarse a una ciudad que avanzaba más rápido de lo que podía planearse.



Hacia arriba… y hacia afuera

Durante años, Hermosillo creció principalmente de forma horizontal.

Se extendió sobre el desierto, expandiendo su territorio más que su altura. Pero en la última década, esa lógica empezó a cambiar. Nuevos desarrollos verticales, edificios más altos, zonas que comenzaron a densificarse.

La ciudad, por primera vez, empezó a crecer hacia arriba.

A “tocar el cielo”.



El desierto que se transformó

El crecimiento de Hermosillo no fue casual.

Fue resultado de su ubicación estratégica, de su desarrollo industrial y de la migración interna que encontró en la ciudad una oportunidad. Pero ese crecimiento también trajo retos.

El calor extremo. La expansión desordenada. La presión sobre servicios e infraestructura.

Una ciudad que crece rápido también enfrenta más exigencias.



Un crecimiento que no se detiene

A pesar de todo, Hermosillo sigue avanzando.

Nuevas zonas, nuevos proyectos, nuevas dinámicas. Lo que empezó como un punto en el desierto hoy es una ciudad en constante transformación.



Al final, Hermosillo no creció poco a poco.

Creció de golpe.

Y en el desierto, cuando algo logra despegar…difícilmente se detiene.


 
 
 

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