Cahuamanta del Andrés: Los 7 mares en un caldo

«En una sola cucharada de esta cahuamanta experimentas los sabores del caribe, pacifico y atlántico, junto a un festival de texturas que te mueven en un oleaje»


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La Cahuamanta de Andr[es
La Cahuamanta de Andrés | Ubicada en El Llano Hermosillo

Les voy a hablar sobre mi amiga Coral, ella es una joven de la ciudad de Hermosillo que nunca ha conocido el mar. Sus padres, Marlín y Ariel, se conocieron durante un romántico crepúsculo de domingo. La rojiza marea trajo hasta la orilla una caracola, que ambos recogieron, y de ahí, el amor conllevó a la llegada de mi amiga a este mundo.


Sin embargo, Coral sólo ha escuchado sobre aquel lugar con camas de arena, fresca brisa y susurros de agua de las interminables narraciones de sus padres, que se miran perdidos como si el mar se hubiera quedado tatuado en sus ojos.


Conmovido por el anhelo de mi amiga Coral, decidí llevarla hasta El Llano, al sur de la ciudad de Hermosillo, donde dicen que un tal Andrés ha conseguido no sólo replicar el sabor del océano, sino de los siete mares en un tazón.


Los bullicios urbanos llaman a este sitio la Cahuamanta del Andrés o Aquí con Charlie, montado en una antigua casa de familia, que te reciben como tu mamá al volver de un pesado día de escuela.


Sumergir el cucharón en el tazón con caldo, y regresarlo a la superficie se asemeja a la pesca. No sabes exactamente qué saldrá, pero al llevarlo a tu boca descubres las texturas de mariscos como la clásica mantarraya. Por eso podría decir que la cahuamanta es como una capirotada, pero afortunadamente esta primera siempre está disponible.


El cucharón con caldo y texturas derriba de la silla a Coral para sumergirla en medio del mar, donde sirenas la ayudan a mantenerse a flote, mientras un amigable crustáceo utiliza de marimba el caparazón de tortuga y empieza a cantar un son caribeño, mientras el ocaso presta sus últimos rayos.


Las sirenas llevan hasta la orilla a Coral, donde la arena húmeda se esconde entre los dedos de sus pies. Los frescos secretos del viento se esparcen por su rostro, la marea trae una pequeña caracola, al recogerla sus manos coinciden con la de un joven apuesto, del cual se enamora.




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